Nada nuevo bajo el sol, desde su famosísima “¿Matan las escuelas la creatividad?”. Pero sigue siendo un placer escucharle repetir lo que para algunos es obvio y para otros intrascendente.

Me quedo con su idea de que la educación debería dejar de ser industrial para volverse agrícola: sembrar y abonar, disponer las condiciones para que los alumnos florezcan cuando y como puedan.

Por cierto, yo tampoco llevo reloj, y cuando me preguntan porqué siempre respondo lo mismo que la hija de Sir Ken.

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