Los expectativas cambiamos mucho de centro, así que me toca hacer “amigos” nuevos casi cada año. Normalmente acabo tomando café con los matemáticos, no se porqué, será ese ligero tufillo friki que nos une 🙂

El caso es que pienso mucho en esto: los matemáticos son indefectiblemente muy inteligentes, saben lo que es trabajar duro y dominan su materia a un nivel estratosférico comparado con el currículum que imparten (además tienen sentido del humor, como Dan Meyer y un sentido de la moda difuso, también como Dan Meyer. (Tú no, JJ, tú no)).

Y sin embargo, teniendo en cuenta los “números”, son los peores profesores puesto que es la asignatura con más suspensos y menor nivel de satisfacción entre los clientes, esos que dirigirán el mundo cuando nosotros nos jubilemos sin saber hacer un tanto por ciento en las rebajas y sin asombrarse ante estadísticas que no suman 100%.

¿Por qué? Dan me lo ha aclarado. Porque lo que se enseña en clase es a las Matemáticas como Los Serrano al cine. Burdas simplificaciones que plantean problemas desvinculados del mundo, resolvibles a través de una serie de pasos que no dejan lugar a la reflexión o a la curiosidad. Las matemáticas del aula no se parecen a la vida. (Los Serrano tampoco). No tienen sentido para los alumnos, así que, memorizan, pasan el examen, si acaso, y olvidan al día siguiente. No hay un nivel de razonamiento que deje huella en sus neuronas.

Me encanta el método de enseñar que expone Dan: dejar que los alumnos trabajen formulando los problemas, es decir, reflexionando sobre los parámetros que importan para resolver algo que se les plantea de forma breve, como por ejemplo: ¿Cuánto tardará en llenarse el tanque? Sin dar medidas ni datos ni diagramas, los alumnos discutirán y gracias a su intuición llegarán a la conclusión de que importa la altura, el diámetro, el caudal…

Otro ejemplo muy útil que se me ocurre es: ¿Cuánto tardará tu madre en pagar la hipoteca?¿Importa que le hayan bajado el sueldo un 7%?

En su blog podéis encontrar muchas más ideas.

Todos tenemos intuición matemática, algunos además tienen capacidad sobresaliente para la abstracción, el cálculo… y se licencian en matemáticas. Pero los que no, también necesitan herramientas para aplicar esa intuición hardwired en el cerebro. Y sobre todo, no necesitan desperdiciar tantísimas horas lectivas para acabar sabiendo… decodificar un libro de texto y un examen (o cualquiera de las n-ésimas recuperaciones y repescas).

Me quedo con una frase de Dan Meyer que me ha encantado: “Las matemáticas le sacan el sentido al mundo, son el vocabulario de tu propia intuición”.

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