Últimamente me topo con El secreto de Rhonda Byrne por todas partes. Viene a decir que el mundo físico lo modelamos nosotros con nuestros pensamientos. Una teoría muy bonita y reconfortante: se positivo, desea las cosas y las obtendrás.

 

Mi patatita atea se debatía entre la belleza de estas ideas y la falta de fe patológica. Hace poco le oí decir a Phil Plait que el “factor creyente” viene de serie en algunos cerebros. Es decir, si estás genéticamente predispuesto a creer y decides dejar de ser católico, por ejemplo, el hueco lo ocupará otra creencia: las power balance, el agua magnetizada, la comida macrobiótica… Debe de ser verdad porque en mi caso, nunca he podido creer en nada por más apetecible que fuera esa creencia.

En esta charla de la RSA la activista política Barbara Ehrenreich habla de los peligros del pensamiento positivo entendido como religión, sobre todo en el mundo de la empresa: Si las cosas te van mal, es tu culpa, tus pensamientos son negativos. No hagas nada por cambiar la situación, solo concéntrate en cambiar de actitud… En definitiva, una religión moderna para controlar a la gente: confórmate, acata, confía en lo sobrenatural para sacarte las castañas del fuego. Ciérra los ojos, descarta toda información negativa, pon tu vida en manos de “las fuerzas del universo” (sustitúyase el término por el Dios que proceda). Y sobre todo, no olvides el optimismo obligatorio: smile or die