Seis o siete años de web 2.0 son casi una vida… Esos son los años que calculo llevar inmersa en esta Internet democrática en la que producimos/consumimos.

No tengo ni idea de que hacía en Internet antes de que existieran los blogs. Creo recordar que mi primer contacto con la Red fue hace unos 15 años (¿!!!Tanto??!?) con el correo electrónico que me abrió un amigo en Hotmail y el buscador Altavista que me mostró un compañero de beca en un sótano danés un poco más tarde.

Desde entonces he probado, usado, desechado, cientos de herramientas, plataformas, servicios. Pero un puñado de ellos llevan conmigo desde el principio de esta segunda fase de Internet. No por fidelidad, si no porque los disfruto a diario, encajan en mis necesidades y la competencia no es mejor.

De un par de años para acá las redes sociales son imprescindibles. Yo uso Facebook con mis amigos (amigos de verdad, de esos con los que tomas copas, viajas o en fin, tienes algo de vida en común). También tengo una cuenta “profesional” pero no la uso demasiado. Twitter con los colegas y también como fuente de inspiración, es como un mortero en el que machaco educación, tecnología, diseño web, empresa, etc.

Pero he aquí mis viejos amigos, los supervivientes de la era pre-Twitter, esos servicios que, a pesar de todo, siguen siendo imprescindibles para mí:
Delicious. Es como un lexatin para la ansiedad que produce el chorro inagotable de información en la red. Etiquetar, guardar, recuperar… Bueno, no es que recupere mucho de lo que ahí guardo, pero como un lexatín, decía, etiquetar me calma la ansiedad. En una segunda fase de uso, más social, me encanta curiosear la vida de los demás a través de lo que guardan.
Netvibes, mi lector de feeds. Durante un tiempo lo medio abandoné en favor de Twitter, pero ha vuelto a mi vida con el mismo propósito del principio: leer mis blogs favoritos meticulosamente ordenados en cajitas y pestañas. Ya no lo uso como página de inicio, porque no necesito página de inicio. Y ya no leo blogs sobre educación, para eso tengo Twitter que me permite más interacción.
– El blog. He pasado por Blogger, WordPress y ahora estoy en una relación feliz con Posterous. La verdad es que Blogger es mejor, pero Posterous tiene un diseño que me encanta. Sin ajustar nada, es exactamente como lo quiero. Y su simplicidad me obliga a mantenerme simple. Perfecto.
– Cliente torrent, ahora mismo, Transmission. Al igual que con el blog he ido cambiando, pero siempre he usado esta red de compartición que, inexplicablemente, aún es desconocida para la mayoría (debe tener un cierto encanto kirsch eso de llenar el ordenador con virus vía emule, ares o similar, pero a mí se me escapa). Vía torrent, complementado con TED (Torrent Episode Downloader) me llegan los mejores programas de la tele americana o británica con los que me mantengo cuerda en este erial cultural patrio que me rodea. Antes era imprecindible también para bajar música pero…
– La música ya no se descarga (descanse señora Sinde). No señor, la música se escucha en streamming. Primero fue Last.fm pero tras su pase a servicio de pago llegó un sucesor aún mejor que él: Spotify.

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