¿Qué engancha a los alumnos? Yo siempre pienso que lo mismo que a mí. Da igual la edad, somos de la misma especie: nos implicamos en retos (alcanzables), misterios, saber el porqué de algo, trabajar en grupo y hacer cosas chulas de las que podamos presumir. También les (nos) gusta hacer las cosas a la manera de cada cual.

Curioseando por Delicious he encontrado un artículo fantástico, Seven Essentials for Project-Based Learning. Trata sobre las claves para plantear aprendizaje por proyecto en el aula, de diseñar actividades para que el alumno aprenda haciendo. Actividades que les enganchen y saquen lo mejor de ellos.

El típico póster de ciencias o esas diapositivas en las que sinteticen un tema son un punto de partida (yo lo he hecho durante años en mis clases), sin duda, pero asumámoslo, el grado de implicación cognitiva de nuestros alumnos en esos proyectos es mínimo. Podemos hacerlo mucho mejor.

Todo buen proyecto debe cumplir dos criterios: tener sentido para los alumnos, deben percibirlo como algo que personalmente quieren hacer bien porque les importa. Y claro, debe tener un propósito educativo. Ahí van las claves publicadas en el blog de Ross Crockett:

1. Necesidad de saber

Podemos plantearle a los alumnos una idea, describir la tarea a realizar, dar instrucciones y recursos… o podemos empezar con un golpe de efecto. Un vídeo, un artículo, algo que active a los alumnos en un debate o discusión. Por ejemplo, un vídeo mostrando una playa paradisiaca que termina con un cartel de “cerrada por contaminación del agua”. ¿Os ha pasado esto en alguna playa, estando de vacaciones?¿Qué va a pasar con esta playa?¿Por qué ha pasado?

Abrir el proyecto con un “evento” que haga surgir preguntas por parte de los alumnos hacia el profesor (y no al revés). Un evento implica algo emocional, algo que activa al alumno.

2. Una pregunta que dirija la investigación

En el caso del ejemplo, ¿Cómo podemos reducir el número de días que esta playa permanecerá cerrada por contaminación? La pregunta subyacente al trabajo debe ser provocativa, de respuesta abierta, compleja y conectada con el núcleo de lo que los alumnos deben aprender. Sin la “gran pregunta”, los alumnos podrían no entender para que están haciendo el proyecto. Y si no lo entienden, no se implican solo obedecen. Cuando se les pregunte en que trabajan la respuesta podría ser “ayudar a reabrir la playa” (si el proyecto está bien planteado) o “estamos haciendo un póster sobre contaminación” (si no lo está).

3. Voz y voto para los alumnos

Una vez captado el interés de los alumnos, el profesor plantea las tareas a realizar. Podría ser un informe personal, más una presentación oral que se apoye en multimedia más un producto final, elaborado en equipos de cuatro y elegido por los propios alumnos. En el ejemplo, un anuncio publicitario, panfletos informativos, una web… etc. Hay una escala de autonomía de los alumnos que puede empezar por elegir entre varias opciones propuestas por el profesor y terminar pidiéndoles que propongan una idea de proyecto y que ellos mismos se repartan responsabilidades y ajusten tiempos. Pero los alumnos deben tener capacidad de elección dentro de un proyecto.

4. Capacidades del siglo 21

Una vez planteado el proyecto llega la hora del trabajo colaborativo. En grupos de tres o cuatro alumnos estos identifican tareas y responsabilidades y se las reparten (si esta parte la hace el profesor ya no hablamos de colaboración si no de cooperación). El trabajo colaborativo no sale solo. Antes del proyecto el profesor debe haber preparado a los alumnos con actividades o juegos “de roles” y de “hacer de equipo“.

El proyecto del siglo 21 se plasma en herramientas del siglo 21. Más trabajo previo: los alumnos deben haber aprendido antes de inciar el proyecto a elaborar vídeos, exponer presentaciones, reflejar ideas y procesos en blogs… etc.

Un buen proyecto debería darle a los alumnos la posibilidad de practicar y así aprender las capacidades demandadas en nuestros tiempos: expresión del pensamiento crítico, comunicación efectiva, uso de tecnologías y trabajo en equipo.

5. Investigación lleva a innovación

Con el evento de entrada en el proyecto y el debate surgido de él, el profesor recolecta una serie de preguntas que ayudan al ajuste fino de la “gran pregunta”. En nuestro ejemplo ¿qué enfermedades puedes coger del agua?¿hace falta beberla para ponerse enfermo?… etc. Los equipos deben trabajar en esas preguntas mediante libros, webs, etc. Pero no se trata de que encuentren información y la peguen en un póster o de que la resuman en un formato bonito. En la verdadera investigación los alumnos deben seguir un hilo que les lleve a más preguntas, a la búsqueda de nuevos recursos y finalmente a sus conclusiones e ideas propias sobre como resolver el tema. Es muy importante crear un ambiente en clase que anime a los estudiantes a añadir nuevas preguntas, a hacer hipótesis y a estar abiertos a nuevas perspectivas.

6. Feedback y revisión

Mientras los alumnos desarrollan sus productos el profesor debe estar detrás, supervisando borradores, planes, comprobando las fuentes utilizadas por los alumnos, monitorizando el avance.

La evaluación a lo largo del proyecto es importantísima. Con ella los alumnos aprenden que el trabajo de calidad no sale del primer intento, que en la vida real nuestro trabajo está sujeto a continua revisión.

Además el profesor también debe promover y dirigir la crítica constructiva entre los estudiantes.

7. Presentar el producto final públicamente

Para los alumnos tiene infinitamente más sentido trabajar para una audiencia real que para el profesor o el examen. Los resultados del proyecto deben exhibirse, antes otras clases, jefes de estudio, padres, web… etc,  para permitir que los alumnos reflexionen sobre el trabajo una vez terminado, sobre lo próximo que van a hacer, lo que han aprendido. Y por supuesto, para que sientan el orgullo del trabajo bien hecho, fundamental.

¿Estáis haciendo proyectos en el aula? Preguntadle a los alumnos en que están trabajando. Si la respuesta es “en un power point” o “en un glogster”, malo, malo, es hora de repensar.

Puede que también te interese:

En A vueltas con las TIC: cómo diseñar una tarea integrada de Educ@conTIC, se dan un montón de pistas prácticas para elaborar tareas orientadas al aprendizaje por proyecto y colaborativo.

Trabajo por proyecto para conectar el mundo real con la escuela, en este mismo blog

NOTA

En España hay varias iniciativas para trabajar por proyecto. La más importante, por el número de participantes y por estar dirigida desde el Ministerio de Educación es eTwinning, departamento del ITE donde trabajo (no había puesto esto en la primera edición del post por no sonar a anuncio publicitario, pero pensándolo mejor, la iniciativa merece ser publicitada, independientemente de que sea quien paga mi nómina).

 

Anuncios