La idea de Khan es muy sencilla y aparentemente poco innovadora: grabar lecciones en vídeo y crear ejercicios interactivos para que los alumnos practiquen lo mostrado. Pero la vuelta de tuerca está en cuando usar ese material. Propone dar la vuelta a la metodología actual, mandar las lecciones (parte teórica) para casa y salvar el valioso tiempo de clase en trabajar en lo que habitualmente suelen ser los deberes (esta idea también la propone Dan Meyer).

Las ventajas parecen claras. En lugar de invertir el valioso tiempo lectivo en algo que no requiere demasiada interacción (escuchar una explicación) se dedica a resolver las dudas y problemas a las que se enfrentan los alumnos al tratar de aplicar el conocimiento. En una optimización de recursos, se salva al profe para aquellas actividades en las que no puede ser sustituido por la tecnología.

El que las explicaciones se “deshumanicen” tiene efectos secundarios positivos, el principal, según Khan, que los alumnos no sienten vegüenza cuando paran y “rebobinan” un vídeo 100 veces, pero si cuando tienen que admitir que no entienden algo frente al profesor y a sus propios compañeros.

La Academia Khan además de vídeos proporciona “juegos” para practicar los conceptos básicos. Los alumnos van pasando niveles a medida que dominan un tema pero además generan una ingente cantidad de datos que sus aplicaciones analizan para que los profesores tengo un conocimiento detallado del proceso de aprendizaje de cada alumno. En lugar de preguntar o comprobar que sabe cada uno, ve que alumnos no están avanzando y donde se bloquean, de forma que pueda optimizar su tiempo dedicándose a ellos.

O mejor aún, y aquí viene lo verdaderamente innovador de este invento, el profesor puede dedicar su tiempo a guiar a los alumnos que van mejor, que avanzan rápido, para que tutoricen a sus compañeros.

Paradógicamente, el tiempo ahorrado en la automatización de estos procesos sirve para humanizar el aula porque entonces si da tiempo a plantear experiencias de aprendizaje significativo mediante proyectos, una opción que se adapta a la variedad de estilos y capacidades de aprendizaje existente en la escuela.

(Atención al entrevistador en los minutos finales. A pesar de profesar la fe Linux reconozco que me encanta ver a uno de los tíos más inteligentes del planeta reconvertido en filántropo de la educación.)

Como reflexión final, me encanta ver como una iniciativa personal, llevada a cabo por un solo individuo, puede resultar catalizadora de un cambio en la forma de educar tan significativo para miles de personas. Todos deberíamos ser conscientes de que podemos marcar la diferencia, un antes y un después, ser ambiciosos en nuestras expectativas.

Más sobre la Khan Academy: http://www.guide2digitallearning.com/node/1119

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