Después de mucho viajar y mucho ver sigo pensando que los paisajes más bonitos del mundo están en Asturias. A ver si para cuando me jubile, allá por los 70, puedo comprarme un terruño entre León y Asturias, para mover la cadera ortopédica y el bypass monte arriba, monte abajo… Eso sí, con GPS implantado en el cerebro (ya existirá por aquel entonces, digo yo), que la cabeza va degenerando. Como me dijo un señor en Navia: “Moza, para cuando tengas mis años no hay por donde cogerte”. Cuanta razón.