Ante tamaña tarea como explicarle a los alumnos de grado medio los cálculos de la red de ditribución colectiva de TV y radio en el marco de la ICT, me decidí por una técnica de un clasicismo inédito en mis clases: pizarra y tizas de colores. Los que me conocen estarán totalmente en shock, ¿que has tocado una tiza???

Como no vi ninguna tiza de color en clase, bueno, en la nave (otro día hablaremos de esto) fui a pedirlas a conserjería, donde me informaron de que, como recurso valioso que era, lo guardaba el administrador del instituto. Allá que fui, sin amilanarme. El hombre este me recibió con cara de absoluta estupefacción “¿Qué quieres tizas de colores?¿de colores?”

Yo empecé a preguntarme si sería una especie de clave de paso o código secreto que condujera a algo chungo, tipo “ha caído una mosca en la telaraña” de Pulp fiction.

“¿Tizas de colores? Entiéndeme, tenemos una caja (y la sacó de un armario cerrado con llave). Pero… ¿tú para que las quieres? Porque tizas blancas se te dan las que quieras, pero las de colores son mucho más caras. Las hemos comprado para los de la rama sanitaria que pintan con muchos colores.”

Yo asentí, imaginándome moléculas pintadas de fucsia sobre disolución pintada de azul.

“Pero si tú las necesitas…” Hace una pausa dramática y yo abro la boca, pero la vuelvo a cerrar antes de contestar que pensaba marcar en distintos colores la red de dispersión y la de distribución. Que en una ataque de creatividad se me había ocurrido pintar de un color las salidas de derivación y en otro las de paso, en aras del mejor entendimiento de la materia de unos alumnos a menudo espesos. Pero no dije nada, solo tragué saliva y asentí con la cabeza, “las necesito”.

“Pues si las necesitas se te puede pedir otra caja” –y aquí hace otra pausa intensa.

Trago saliva de nuevo y digo “No, si con dos tizas me arreglo, no necesito la caja entera. O vamos, dos trozos de tiza…”

“No mujer, llévate dos tizas enteras. ¿Qué colores?”
“Pues una verde y una fucsia (me gusta mucho el fucsia, es muy alegre)”
“¿Fucsia? No, coge mejor esta rosa”

Me moriré con la duda de por qué prefirió que me llevara la rosa, a saber que  compleja tarea le estaba destinada a la otra.

Cuando llegué al aula (nave) lo sopesé unos segundos y después partí las tizas en dos. Guarde la mitad en un cajón, como buena ardillita ahorradora, qué no se diga que no me han educado bien. Después les comenté a los alumnos que procuraran no perder las tizas de colores, que el administrador no me iba a dar más y ellos, que son así, me transmitieron mucha paz: “Tranquila profe, el próximo día te traemos una caja entera de tizas de colores para ti sola, del chino”

P.D.: Lo anterior es el relato de un hecho totalmente verídico, no le he añadido nada. Y de estas… me pasan a diario. Me arrepiento de no haber escrito en su día como un compañero se empeñó en enseñarme como se abrían y cerraban las puertas y los cuadros de mando.