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Hoy he reñido a un alumno por estar estudiando en mi clase para un examen de otra materia. Y con buen criterio me ha contestado: “llevo dos horas y media trabajando a tope y no me has felicitado. El domingo a última hora de la noche te entregué una tarea, a pesar de haber estado malo toda la semana, y no me felicitaste. Ahora sí, cualquier cosa que hago mal, ahí estás”

Le di la única contestación posible “Tienes toda la razón. Es algo que intento hacer, decir lo bueno, pero no me sale tan a menudo como debiera, lo siento.”

Qué poco conscientes somos, en general, de la necesidad de motivación  y del valor del refuerzo positivo de los que nos rodean y de nosotros mismos. Cuanto mejoraría el rendimiento de los trabajadores si alguna vez su jefe les dijera lo que hacen bien. Supernanny enseña a decírselo a los niños y César Millán a los perros. En Reino Unido, Jamie Oliver cocinero/gurú/conferenciante intenta llevarlo a cabo con estudiantes en su Escuela ideal. Y el pobre Pedro García Aguado lo intenta con bestias de la peor calaña*, que, curiosamente, siempre acaban llorando y quejádose amargamente de que sus padres no les valoran.

*(Vale, perdón por lo de bestias, son chavales con una necesidad imperiosa de tratamiento psiquiátrico)

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