Esta es la primera de una nueva serie de charlas TED dedicadas a la educación, Ted-ed Lessons worth sharing. A la exposición le añaden unas bonitas animaciones (ejem, ejem, quizás inspiradas en las de RSA). Alguno dirá que los dibujitos no aportan nada, pero yo creo que todo lo que arroje algo de belleza al mundo siempre es valioso. Por eso existe la sección Bonito en este blog.

Adam Savage (¡el cazador de mitos!) plantea ideas muy interesantes. Para mí, las más revolucionaria es que no importan tanto las respuestas como las preguntas. La capacidad de hacérselas es lo que ha traído al ser humano al punto de desarrollo en el que estamos. Eratóstenes calculó el diámetro de la tierra, con un error menor al 1% hace dos mil años, sin tecnología, guiado por sus observaciones.

La ciencia era entonces y es ahora la capacidad de observar, preguntarse y experimentar en busca de una respuesta. La ciencia responde al instinto humano, es natural, la llevamos todos dentro (hasta los homeópatas). Está en todas partes… salvo en la escuela.

¿Cuánto tiempo dedicamos a espolear a los alumnos para que se pregunten a cerca de lo que observan? Un 0,1%. El 99,9% restante probablemente se vaya en darles respuestas que no les interesan. Ni interesan al camino de la ciencia.

En mi opinión, los profesores deberíamos estirparnos esa idea de que toda pregunta surgida en el aula debe ser contestada, perferiblemente por el experto, él. Eso lleva a una especie de miedo al error, a perder el control, el “respeto”: Si preguntan demasiado puede que no sepa contestarles.

No es nuestra función dar respuestas (para eso ya está Google ;-)) si no generar en la mente de los alumnos preguntas, preferiblemente de esas que no se resuelven en una simple búsqueda en la cajita con la lupa del navegador.

vía @acapulco70