Alguno, con cierta maldad, me ha preguntado si retomaría el blog con un post titulado “Vale, no me rindo”, “Ángeles resurrecta”, “Ángeles reloaded”… Y la verdad es que el tema tiene su miga, ¿qué escribir después de la entrada con más lecturas (casi 14.000 gracias a su momento estelar en Menéame)? Una amiga me dijo, “Con lo bien que tú escribes y te vas a hacer “famosa” por uno de los peores artículos, mal escrito y peor argumentado”. (Vale, vale, y con déficit de tildes, pero no me digáis que no son un buen cebo para tontos que miran al dedo que apunta en lugar de a la luna).

Para los que os precupasteis: mi horario, finalmente no quedó tan mal, aunque sea de mañana y tarde, los módulos de este año me gustan mucho y como siempre, el alumnado y el amor a la profesión tiran del carro. Por supuesto, las clases “a mi manera” siguen adelante, sigo impartiéndolas con la metodología que entiendo más adecuada, a pesar del tiempo que lleve.

Sistemas de Telefonía | Equipos de imagen

Eso sí, este curso, ni un minuto fuera de mi horario, cronómetro en mano. A donde no llego, no llego. Y puestos a recortar, innovación cero. Quedaron cancelados los planes de trabajo por proyecto, basado en retos, a pesar del apasionante minicurso, que con toda generosidad me dio una tarde Dani Irazola (para algo tenía que servir hacerse famoso por un día en Menéame :-)). Aprender haciendo, tareas diarias, escasísimas clases magistrales… pero no me queda tiempo ni ilusión ninguna para intentar nada nuevo. Mi admiración, eso sí, por todos los que siguen al pie del cañón, a los irreductibles, que sigo de cerca a través de Twitter.

La guerra es larga, cada curso es una batalla y yo estoy en la de Estalingrado. En el IES Palomeras Vallecas de Madrid, pasando frío (literal) y penurias, en un aula con banquetas de bar sin respaldo en las que se retuercen los alumnos durante horas, quejándose del dolor de espalda. Cuando podemos, trabajamos, es decir, cuando hay suficientes ordenadores en funcionamiento para todos los asistentes y la conexión a Internet, penosa, lo permite. Cuando no, no.

El curso pasará, entraré en el bombo de la asignación de destinos de nuevo y cruzaré los dedos por que me toque un centro mejor, dirigido por gente que sepa medianamente lo que hace o al menos, se deje asesorar y tenga intenciones menos espúreas que las de mantenerse en su carguito. Gente que en lugar de ejercer de antidisturbios de la Administración, cargando contra los docentes, haciendo de parapeto de las protestas por la educación pública ante sus superiores, haga frente común con los que nos partimos la cara a diario en el aula. Gente cuya titulación, currículum y capacidad esté a la altura de lo que requiere el cargo o función. Hasta entonces acumularé méritos (o sea, envejeceré, ya que la edad es lo único valorado en la función pública), seguiré estudiando para que no me roce la mediocridad circundante. A los que no podemos dejar de aprender, siempre nos espera Pequeño Tío en casa, ese algo que nos mantiene el alma calentita.

Pero no todo son desgracias laborales, ayer me publicaron el artículo “Informática móvil y realidad aumentada: uso de los códigos QR en educaciónen la web del Observatorio Tecnológico del INTEF (¡gracias!)y por otro lado me rondan un par de proyectos interesantes. 

En fin, no sé por donde va ir este blog, no querría convertirlo en un sumidero de quejas y críticas, que agotan a quien escribe y a quien lee. Se verá.

P.D.: Muchas gracias a todos los que dejastéis comentarios o enviastéis emails de ánimos en el artículo anterior.

Para leer más:

Gente tóxica en educación

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