Digamos hoy, por ejemplo. Ya terminando una tanda de exámenes que podría estar actuando en alumnos y profesores como un electroshock (está por estudiar):

– Me dejo 9 euros en bocadillos en la cafetería, convertida en personal de producción del Lo sabe / No lo sabe electrónico.

– En un aula al que voy “de guardia” veo algo asquerso en un cajón. “¿Qué es eso?””Una trucha profe, muerta. esta clase está llena de truchas””¿Eh?” Me agacho para mirar en el resto de los cajones y efectivamente, en todos hay una trucha, en tupper o bolsa (benditas madres) lista, al parecer, para ser diseccionada a última hora. No olía mal.

– Un alumno de 3º de la ESO me cuenta todo contento que ha conseguido el reto Nikita (¿Nakita?) consistente en escuchar esa canción, (la cosa más desquiciante del mundo) durante 10 horas seguidas. “Empecé a las siete de la mañana.” Cómo es un listillo le pregunto: “Pero no te grabaste ¿no? Entonces no cuenta, ¿no?” Mirada triste del chaval. Mirada de arrepentimiento de la profesora.

– Un grupo de alumnos de 3º de la ESO entra en clase y saca de sus mochilas máscaras y gorros. Con un “nos dijiste ayer que podíamos, profe” (¿¿yo??) empiezan a agitarse epilépticamente al ritmo de una canción que dice no se que de terrorissstas. ¡Ah!, a esos alumnos se suman otros de FP que pasaban por allí y en un momento dado tengo que gritar “¡Sin camiseta noooooo!”

Vale, no, esto no ha sido un día normal, ha sido bastante surrealista. Necesitamos vacaciones.