Por estas fechas debería estar en penoso peregrinaje por las DAT, en busca del destino perdido, como tantos y tantos expectativas, desplazados e interinos, pero en esta ocasión mi septiembre ha sido muy tranquilo. A finales del curso pasado recibí una propuesta del INTEF para incorporarme al servicio de Formación en Red en comisión de servicios y acepté. No sin antes pensármelo, porque ya estuve en el INTEF de 2009 a 2011 y por aquel entonces decidí que no era mi lugar.

En esta ocasión, por supuesto, pesaron todos esos aspectos que estáis pensando pero también las 37’5 horas semanales y los 23 días de vacaciones, por, prácticamente, el mismo sueldo. Pero sobre todo pesó el nombre de las personas que querían contar conmigo y el de los otros posibles compañeros de departamento.

Tras una semana de trabajo creo que ya puedo valorar lo que va a ser mi trabajo en los próximos meses y he de decir que mis expectativas, prudentes, han sido superadas. Veo un proyecto coherente y una visión de la formación del profesorado que comparto y que difiere de la que hasta ahora estaba presente. Creo que la labor del docente y sus competencias deben adaptarse al momento actual y a los alumnos reales. No me gusta esa visión que criminaliza al profesor por no hacer esto u aquello pero no se le enseña como hacerlo de otra manera. Ni tampoco esa otra, autocomplaciente y quejosa de que nada se puede hacer por cambiar un sistema que no funciona pero en el que el profesor no puede hacer nada más que aguantar. Por no hablar de esa tercera (no)visión que dice que todo está bien salvo los alumnos, esos ni-nis que no dejan hacer las cosas como deberíamos (supongo que se refieren a perorar desde una tarima sin que nadie interrumpa el curso de pensamiento del magistral profesor).

La visión en la que creo es optimista: el profesor es un profesional que quiere hacer bien su trabajo y necesita herramientas y formación que le ayuden a ello, a cambiar si es necesario, para llegar a un alumno inmerso en la sociedad del conocimiento (o que flota en él….). Aprendizaje basado en retos y proyectos, evaluación racional mediante rúbricas que tengan en cuenta no solo el resultado obtenido si no el método de trabajo, desarrollo de competencias básicas de expresión y creación y por supuesto, alfabetización digital y presencia en las redes tanto de profesores como alumnos para, por fin, ser una comunidad de aprendizaje y conocimiento en red.

Ahora tengo la oportunidad de participar en el diseño de cursos de formación que siempre he criticado y que preveo que, en principio, provocarán todas las inercias posibles contra el cambio. Del “Pues a mí los cursos del INTEF/ITE/CNICE/PNTIC me parecían fantásticos, aprendí un montón” a “El curso del INTEF me cambió mi forma de trabajar en el aula, a mejor”. Aspiro a poner mi granito de arena en una formación del profesorado que los alumnos noten

Y digo bien, el granito de arena es pequeño, pero a mi alrededor hay muchos otros. Gente que seguramente conozcáis en las redes por su valía, actividad, compromiso y generosidad. Personas a las que admiro mucho y de las que aprendo a diario. Y de verdad, no es una frase para quedar bien, es real.

Echaré de menos el aula aunque no las condiciones demenciales en las que lo profesores nos vemos obligados a trabajar hoy en día. Y echaré de menos el contacto con los alumnos aunque ellos siguen siendo el centro. Afortunadamente, la carrera laboral es larga y tendré oportunidad de retomar la actividad como profesora de Electrónica a la que le gusta mucho ser profesora… y de Electrónica.